El rebranding te hará joven, el botox no.

Te levantas como cada mañana, con un ojo abierto y el otro aún en huelga de sueño. Te preparas el café, te aseas y al mirarte al espejo  tus ojos se abren como platos y piensas, ¿de dónde has salido tú, mensajera del infierno?

Ahí están, mirándote impasibles las tan temidas patas de gallo, y aunque te laves la cara mil veces no desaparecen. Y no puedes explicarte cómo de la noche a la maña has pasado de los granos a las arrugas. Pero no te engañes, no han aparecido hoy por arte de magia. Llevan contigo un buen tiempo, pero no las has querido ver.

Pues esto mismo le puede pasar a tu marca. Puede que tenga arrugas, el rimmel corrido o necesite gafas, y si no te das cuenta tú, mal vamos porque, a diferencia de ti,  ella no puede ir al súper a comprarse una crema milagrosa.

rebranding

¿Y a cuento de qué estoy hablando de esto? Pues hoy os traemos un post para explicar con pelos y señales de qué va eso del rebranding. Un anglicismo que, para no variar, definiremos a nuestra manera. El rebranding es, simple y llanamente, una reforma. ¿Quién no le hace un rebranding al salón de vez en cuando? Pues ese cambio de posición de los muebles, esa mano de pintura a la antigua cómoda o ese lanzamiento de los muebles por la ventana del balcón, es el rebranding. Además, hoy te traemos un esquemita la mar de ‘apañao’ para que puedas plantearte si necesitas llamar a la arquitecta, a la decoradora o a Miley Cyrus y su bola demoledora.

rebranding proceso

En resumen, mi proyecto necesita un rebranding si:
  • A mi proyecto le salen arrugas.

Sylvester Stallone, Uma Thurman, Nicole Kidman, Mickey Rourke… Son algunos de los nombres más ilustres de la cada vez más larga lista de víctimas del paso del tiempo que no asimilaron muy bien la aparición de las arrugas.

Tu marca ya tiene sus añitos. Siempre ha funcionado pero, poco a poco, notas como crece cierta desconexión con el público. Tras tener una marca puntera durante años, te das cuenta de repente de que el tiempo pasa por todos, menos por el armario de Ana Obregón.

Por eso es importante no mirar para otro lado cuando ves que algo no marcha como debe. Hay que ser capaz de analizar y reaccionar a tiempo. Refresca la imagen de tu marca. Es necesario saber dónde está tu público y saber dirigirte a él. Es un “adaptarse o morir” en toda regla.

  • Tengo el síndrome de Canal Sur.

Si de repente te das cuenta de que tu público no se renueva, envejece junto con tu marca y de que no consigues llegar al público que tu producto necesita, piensa que, seguramente, ya no envías cartas manuscritas por correo ordinario para dar a conocer tu empresa, ni cobras tus facturas anotando a mano en un libro de contabilidad tus ingresos.

Así que no tengas una identidad o una estrategia de comunicación que haga a tus clientes pensar que tus servicios son de la Edad Media. Hasta el dueño del antro más cutre tiene en su casa una tele de plasma, Internet, tablet y smartphone. Así que, si te miras al espejo y te ves cara de Juan y Medio, háztelo mirar.

  • Tu marca sufre el efecto Calatrava.

Todos hemos tenido nuestro ‘momento Remedios Cervantes’ particular. Ese tierra trágame está ahí esperándonos, a la vuelta de la esquina. Tu marca no se puede librar de tus errores. La clave no está en no equivocarse, sino en saber cuándo nos hemos equivocado y poner nuestras energías en subsanar nuestros errores.

Si una marca ha atravesado una etapa donde su percepción por parte del público se ha convertido en negativa, es como tener en nómina a Gandalf en la puerta de tu negocio gritando a cada cliente: “¡¡¡No puedes pasar!!!”. Yo lo llamo el efecto Calatrava. Así que plantéate renacer de tus cenizas y volver a presentar tu marca con una nueva identidad pero, sobre todo, con una nueva forma de trabajar y actuar.

  • Lo estoy petando pero aún vivo con mis padres.

Pues sí, por loco y desmadrado que parezca, imagínate que empiezas a petarlo muy muy fuerte. Pero resulta que empezaste con una mano delante y otra detrás. Te lo has currado mucho, pero apenas tienes una identidad visual definida.

Si tu marca te pide crecer, no tengas miedo y crece con ella. Ten siempre en cuenta que hay crecer en todos los sentidos. Crecer en producción, en personal, en calidad, y por supuesto en identidad de marca.

Si te has visto reflejado en alguno de estos casos, no empieces a inyectar toxina botulínica a tu marca a la desesperada. Te dejarás un riñón y al final te quedará una imagen poco natural e inexpresiva. Y por supuesto, hagas lo que hagas, deja tranquilo a tu sobrino y aspira a algo un poquito más serio. A no ser que tu sobrino sea diseñador…

Que tengáis una muy buena semana y esperamos volver a veros por aquí el próximo jueves. Y si vuestra marca necesita un rebranding, pasaros por nuestra web y escribidnos, que os echamos un cable.

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